Capitulo I: Remiltown
Entrevista al General Máximo Meridio Segundo
Cuando entre a aquella casa, a pesar de ser desconocida para mi, sentí un calor familiar que me envolvía, estaba yo fascinado, era la entrevista mas importante de toda mi carrera, había preparado todo, revise aun un par de veces haber empacado todo, seria una larga tarde, quizás una larga noche, se me había encomendado la tarea de hacerle probablemente la primera y la ultima entrevista de su vida al General Máximo Meridio Segundo, la jovencita que atendía la casa me dirigió por las escaleras hasta un cuartito retirado, mi pecho se acelero, nadie mas que las personas que trabajaban y Vivian en aquella casa había visto al General en 20 años, la puesta del cuartito estaba entreabierta, una pequeña mesa había en medio de libros apilados y libreras repletas de pergaminos y papeles, la luz era escasa pero reconocí una figura sentada tras la mesita, la chica me dijo que siguiera, el General me esperaba…. Salio inmediatamente, y con vos temblorosa dije…
Muy Buenas tardes General
-Pasa Muchacho, Siéntate dijo…
Un hombre viejo ya quizás unos 65 años, sabia eran muchos mas, pero el General no era un hombre común, difícilmente estaba su edad por debajo de los cien, tenia el cabello largo de un blanco como la nieve, y piel cansada por las largas jornadas que habría sufrido en su vida, y en su mirada, tras los ojos azules del general vi una mirada de tristeza que cautivo mi espíritu, aun la mirada del general infundía en mi cierto temor, autoridad sin duda, El hombre del siglo, el mas famoso sobre la tierra, y yo era de los pocos invitados a escuchar su voz.
Le agradezco que me haya permitido esta entrevista, es para mí todo un hono… (No había acabado de decir el discurso que había preparado por horas y horas cuando me dijo)
-¿Sabes por que te llame?
No con seguridad, me temblaba la voz, estaba muy intimidado ante aquella figura, tantas leyendas, tantas historias había escuchado sobre el, pero alcance a decir imagino, desea que el mundo conozca su historia
-Muchacho, Quieres conocer mi historia, Búscala en un libro escolar, ahí la encontraras, Te llame pues deseo, que el mundo sepa, y conozca la historia de un pueblo, la historia de un hombre, y no me refiero a mi persona, sino a mi mentor, y la historia de un gran amor, un amor que se perdió en el tiempo, conservado únicamente en las memorias de mi pecho, de mi corazón.
Entonces, para eso estoy aquí señor, es un honor poder… Nuevamente, no había yo acabado cuando ya el me estaba corrigiendo
-Primero que nada, no me digas señor, no me hables de usted, y pongámonos cómodos, será una larga historia, espero que dispongas del tiempo necesario pues dudo que terminemos hoy,
El tiempo para mi no es un inconveniente… Y mi voluntad inquebrantable, no dejaría este proyecto por nada del mundo
-Bien, pues aquí en mi mente, tantos recuerdos tengo que desconozco de que manera he logrado mantenerlos vivos, dígame señor…
Rodrigo, Rodrigo Montenegro respondí sin vacilar.
-Señor Rodrigo, no le importa que fume ¿o si?
No, no habrá ningún inconveniente ningún problema, espero no se sienta ofendido si no le acompaño, en verdad creo que fumar deteriora la salud…
-Jajaja, es ahora amigo mío lo que menos me interesa…
Encendiendo una pipa, me dijo ¿por donde desea que comencemos?
-Que tal si me cuenta, donde comenzó todo…
-Muy bien… comencemos
Se recostó en su asiento, como desempolvando un libro muy viejo comenzó diciéndome…
-Recuerdo Aquel día hermoso en el pueblo de Remiltown allí vivía en aquel entonces, acababa de pelear con mi novia, amiga, no recuerdo bien que éramos, 16 años tenia, apenas un muchacho, habíamos peleado por alguna estupidez, quien diría fue esa estupidez la que marcaría mi destino tan solo unas horas mas tarde, decidí que no hablaría con ella al sonar la campana de salida, iría directo a mi casa lo mas aprisa posible para evitar cruzar miradas, que largo el día de escuela, el profesor de matemáticas tubo la brillante idea de hacernos un examen sorpresa, imaginara usted como salimos, la escuela era mi ultima prioridad en ese entonces, en mi mente, las ideas de amor, libertad y por supuesto el sexo eran prioridad, es terrible pensar que siendo joven pensaba de esa manera, tan superficial, nunca vi mas allá, si así lo hubiera hecho probablemente hoy no estaría aquí.
-Dígame, Rodrigo, ¿Usted cree en el destino?
No, en lo personal, considero que cada quien decide, lo que hace, lo que es, cada quien es el arquitecto de su destino, usted, ¿considera que todo esta escrito?
-Verdaderamente le puedo decir, que al menos, siento que en mi vida, muchos acontecimientos estuvieron escritos, pero creo, que la vida, o la existencia, en la vida, hay un destino, pero el camino a tomar para llegar, es el que hace la diferencia, son las decisiones, considero al destino escrito, si, sin duda alguna, pero se, que son las decisiones de cada quien las que harán posible alcanzarlo, Muchos no lo logran, se quedan en el camino, o toman caminos que no llevan a ningún sitio, algunos logran retornar para otros es muy tarde, pero de lo que estoy claro, es que el destino es el mismo, lo que varia es la forma para alcanzarlo.
Puntos de vista distintitos General, yo considero al destino como algo cambiante, que nunca se mantiene estático
Me miro por encima de las gafas, y dijo: “Como sabe usted, que ese no era su destino, si no conoce su futuro”
En silencio, pensé un momento, sin atreverme a contestar, le dije:
-Que sucedió al salir de clases…
Se limito a sonreír, sabiendo que yo no deseaba perder un debate que sin duda acabaría confundiendo mi propio concepto de la realidad, volvió a reclinarse en su asiento y prosiguió con su relato.
-Cuando sonó la campana, yo, recordando la promesa absurda que me hice a mi mismo por la mañana, salí tan rápido como pude el camino hacia mi casa no era largo, estaba acostumbrado a cruzar la plaza, e ir directo hacia mi casa, pero ese día, no quise seguir el camino habitual, ese día, decidí bordear la plaza.
¿Que sucedió después?
-Calma Muchacho, ¿no ves que estoy viejo? Dejadme recordar
Tal vez, si me cuenta. ¿Cómo era Remiltown?, en lo personal no consideraba que fuera importante para un articulo, una biografía o un trabajo documental, pero la curiosidad me inundo en ese momento….
-Hermoso en verdad… Era un pueblo pequeño de gente amigable, como me gustaba salir a la plaza con mis amigos, siempre encontraba más de alguna chica bonita con quien entablar conversación, a veces, en las ferias, al calor de los tragos un poco más… Bueno, pero volviendo a la historia. Salí de la escuela casi corriendo aun recuerdo a Don Dionisio que estaba frente al portón, era vendedor de baratijas del pueblo, siempre instalaba su puesto ambulante frente a la escuela para que los niños le comprasen, cuando era chico, le compraba al bueno de don Dionisio, que un yoyo, que un trompo, siempre había algo interesante con el. Claro ya hacia mucho que no compraba donde Don Dionisio, Ese día no fue la excepción, pero recuerdo haber cruzado con el un calido saludo, y recordé aquellos juguetillos baratos que alguna vez me regaló. Siempre con una sonrisa en la cara.
Una calle ancha llegaba directamente a mi casa, se podía bordear la plaza o atravesarla, normalmente prefería atravesarla para curiosear un poco, pues siempre había algo nuevo en Remiltown.
En el camino encontraría a doña margarita, la mujer del taller de costura, la iglesia con el padre vivencio que probablemente me diría algún consejo para no caer en los vicios del alma, o los pecados de la carne. Siempre atendía sus consejos, o al menos los escuchaba, sin embargo me resultaba demasiado difícil tomarlos en cuenta en la vida diaria, supongo que el padre vivencio me esperara al morir para antes de ser juzgado darme un duro sermón…
Pero volviendo a Remiltown, en mi casa me esperaría mi padre, trabajador como siempre, mi querido padre y por supuesto mi hermana, Ella tan dulce y comprensiva, me escucharía refunfuñar por lo que había pasado y calmaría mis ánimos, siempre tan cariñosa conmigo, como una madre que nunca tuve pues había muerto el día en que nací, siempre me sentí algo culpable por la muerte de mi madre, es decir, ella dio su vida por mi, mucho después entendí, que es un honor, una muestra de amor, el dar la vida por alguien. Mi madre me amo como solo una madre puede amar a su hijo, siempre me lo dijo mi padre, pero nunca lo escuche, a pesar de esto todo lo que tenia en esta vida se lo debía a el, a sus sabios consejos que en muchas ocasiones, aun mayor, me fueron útiles. Frente al batallón, siempre pensé, “Nunca mires atrás, pues encontraras que no hay futuro en el pasado”.
¿Tu padre te dijo eso? Pregunte…
-El fue, el salvo mi vida en esas ocasiones….Como me habrían servido sus consejos mas adelante, creo jamás le dije lo mucho que lo amaba, el lo sabia, no lo dudo, pero habría sido reconfortante poder decírselo…
Permaneció un segundo en silencio y vi correr una lagrima por su mejilla sigamos….me dijo
Claro…conteste, con el corazón en la mano, pues vi al gran general, al héroe de tantos llorar por su padre, nunca olvidare aquel momento.
-Todo era exacto como debía ser, ya me encaminaba hacia mi casa, los alumnos como de costumbre salían en desbandada de la escuela como si fuese el último día de sus vidas, Digamos, que al menos ese día no se equivocaron.
Me había alejado unos 100 metros de la escuela cuando escuche un leve silbido seguido tras un retumbo ensordecedor, mi cuerpo, aquel cuerpo que tanto me había esforzado por mantener intacto perdió todo control sobre su movimiento, y un calor envolvió cada centímetro de mi ser. Absolutamente todo se volvió oscuro, Creo haber estado inconciente algunos minutos, cuando me incorpore, No sentí ningún dolor, a pesar de las muchas heridas que rápidamente logré reconocer en mi cuerpo, no había ninguna de verdadera gravedad.
Todo estaba borroso, no escuchaba nada, Lo siento, la verdad es que… si escuchaba, escuchaba un zumbido intenso, era como tener una abeja dentro de mi cabeza, muchas veces sentí eso en mi vida, pero debo admitir que esa fue la única vez, que realmente tuve miedo de haber perdido la capacidad para escuchar, o aun peor, sentí que mi vida había llegado a su fin pues todo era muy extraño, poco a poco, todo se aclaro el terror de haber visto la muerte a los ojos me paralizo, y un sudor frió recorrió mi cuerpo cuando volví la vista atrás…
-El General palideció un poco, y tosió un par de veces, me anteví a preguntarle ¿Que vio? ¿Que había pasado?
Vi muchas personas que gritaban, que corrían de un lado a otro, no logre reconocer a nadie, quise saber que había pasado, mi sorpresa fue cuando encontré que no existía mas la secundaria de Remiltown, y mi horror fue cuando note que estaba bañado de sangre, pero no era tan solo mi sangre, era la sangre de aquellos alumnos que compartieron conmigo los largos días de clase, que compartían mis ideas, mi forma de pensar, un asco extremo recorrió mi ser, vomite, Dios en e verdad no se como evite caer preso del pánico y perder la cordura, era algo que no cabía en mi mente, de no haber sido por el dolor que empecé a sentir poco a poco, hasta que se hizo insoportable que habría pensado que aquello era una pesadilla.
Todos corrían, hurgaban los escombros en búsqueda de sobrevivientes, pero solo me arrodille y llore amargamente, como jamás en la vida había llorado.
Pero… ¿Sobrevivió alguien en la escuela?
-Ni uno solo, ni un alumno, ni un maestro, absolutamente nadie… Años después lo supe, Los que atacaron la escuela usaron un cañón de 75mm, uno de los más poderosos de la época.
Quien fue capaz de hacer tal atrocidad, contra niños y jóvenes, mujeres, personas del saber, ¿Quien ataco la escuela?
-Yo aun no lo sabia, Sin Embargo debo decir, que a veces el sufrimiento es el consuelo de nuestra alma, que seria de nosotros sin el llanto,
-No alcancé a disfrutar mucho mi dolor, así que creo que ese día mi alma no encontró mucho consuelo, Enseguida escuché otro estruendo cerca de la plaza, Perdí el equilibrio con la onda expansiva, a pesar de estar bastante lejos del lugar de la explosión, mi cuerpo estaba muy débil. Volví la mirada, habían volado la iglesia, envolvía las ruinas del viejo templo una nube espesa de Polvo y humo, mezclado con el hedor a sangre que ya inundaba la ciudad, ¿Quien Fue? No tenia idea, sabía que nos estaban atacando pero no sabía porque ni de donde, corrí, como todos, solo buscaba un lugar donde estar a salvo del bombardeo, una, dos, diez explosiones escuché, había polvo y confusión por todos lados, y un silencio repentino inundó el ambiente, un silencio, no como el que reconforta, un silencio que tan solo anuncia el caos, un silencio que solo narra la desgracia humana.
No Puedo creer lo que escucho, Atacar de esa manera un pueblo es algo terrible, como es posible que exista alguien capaz de hacer eso…
-Pero no había terminado…
¿Y es que hay más? ¿Que mas sucedió ese día? Como ignorando mi pregunta, siguió con su relato, Note mas humano al Anciano frente a mi… menos glorioso, menos imponente, pero mas reconfortante…
-Escuché entonces gritos seguidos de algunas rápidas detonaciones, las reconocí enseguida, eran balas, como aquellas que había usado aquel lejano día en que mi padre me llevó a cazar por primera vez. El pueblo estaba sitiado, y la gente era la presa esta vez, yo era solo una mas, Aquellos que habían cambiado su alma por poder, no estaban adueñándose del pueblo, nos estaban exterminando.
Eran tropas imperiales, los vi venir. Nuestro gobierno nos estaba traicionando, Pero no estaba dispuesto a morir ese día, no se si fue la sangre que corría por mis venas, mi destino, aquel maldito destino que me ligaría por siempre a la guerra, al sufrimiento humano pero me detuve un momento, en medio del caos, mi mente, alcanzo una serenidad incomprensible ante tal situación, entendí entonces la situación en la que estaba.
Con tropas en la ciudad el bombardeo cesaría, era obvio, un oficial podrá ser muy entupido pero nunca exterminara sus propias tropas, entendí que debía buscar refugio, pero no seria conveniente si estaban limpiando la ciudad, pues me atraparían y mi destino seria morir o peor aun, ser esclavo pues en las condiciones que estaba dudo que hubiese servido para algo mas.
No entiendo, ¿por que?
-Fácil, yo era un niño mimado, no estaba precisamente en forma, no era gordo, pero no estaba en condiciones de servir como soldado, herido y sucio, si me atrapaban, era, morir fusilado, o aun peor decapitado, o ser su esclavo.
Ya veo, pero había otra opción, porque muerto sin duda no esta
-Mi otra opción era escapar hacia el bosque, eso me permitiría ocultarme, sin duda alguna era la mejor opción, lógicamente, la decisión que tome fue, huir hacia el bosque. Pero ¿como?, estaba en medio de todo, el pueblo que amaba, era mi prisión y debía buscar como alejarme de el, de todo lo que amaba. Solo se me ocurrió, dirigirme al oeste, el río atravesaba el pueblo, y se dirigía hacia el bosque de Woodenmberg, era la única ruta que sin duda alguna me llevaría a un lugar seguro, claro, la ruta no era precisamente… segura.
No tenia alternativa, si quería sobrevivir, y aclarar el misterio del por que habían masacrado a mis compañeros en la escuela, a mis amigos en el pueblo debía apresurarme, corrí unas cuadras, Justo a tiempo vi una pequeña tropa, eran 3 soldados imperiales, El miedo se apodero de mi, sin embargo no me paralizo, había visto demasiado esa tarde, en es momento, estaba desensibilizado, limpiaban la zona. Malditos mensajeros de la muerte, los vi disparar contra algunas personas que corrían asustadas,
Maldición, ¿que hago? Esa fue la pregunta, fue lo que pensé, por suerte, no me vieron. Vi la casa Don Dionisio, creo que quiso decirme, al saludarme esa mañana, que ese seria el último favor que me hiciera aun tras su muerte, salvaría mi vida.
Entre a la casa de Don Dionisio sin pensarlo dos veces, la puerta estaba abierta, en el momento no puse atención, pero pensándolo bien muchos años después, creo, que Dionisio. Esperaba que alguien usara su casa ese día, tan cercana a la escuela, y en mi ruta de escape, no creo en las coincidencias señor Rodrigo a eso le llamo, Destino, ahora entiende por que creo…
Quizás, General, solo tubo suerte ese Día, ¿no lo ha pensado?
-Pues que suerte en Verdad
Estaba cercano mi refugio a la escuela, no creo que Dionisio necesitara mucho ya de lo que ahí había, No tenía familia, y estaba justo en el sitio de la explosión. Pobre el bueno de Don Dionisio ¿que habrá quedado de el? era una lastima. Pero tenia que hurtar en su casa algún arma, al menos si me querían matar, dar pelea… entre a la cocina, no pensé en buscar un arma de fuego, no tuve mucho tiempo, escuchaba cada vez más disparos, y deseaba salir del pueblo lo más rápido posible. Tome un cuchillo y algunas latas de comida, Saque todos mis libros, mis exámenes, Que alivio deshacerme de ellos… las guardé en su lugar.
Tome un reloj de plata que Don Dionisio usaba cuando iba a la iglesia, era hermoso y muy valioso, y me podría ser útil de llegar a sobrevivir, pues necesitaría algún dinero, pensé que me perdonaría en donde sea que estuviera, espero que lo haya hecho, pues en verdad no espero irme al infierno, o al menos no por un reloj de plata, aunque la verdad siento que tengo pocas esperanzas de ver al señor. Pero bueno, continuando mi relato me asomé a una ventana, revise con cuidado la calle, y procurando que estuviera despejada salí y corrí hacia la plaza…. Desde ahí alcanzaría a ver el río
Una mujer me detuvo en mi carrera hacia la única salvación que cabía en mi mente, me dijo –que te van a matar, vente conmigo-, nunca pensé en seguirla, mi objetivo era claro, debía llegar al bosque, terminaron de salir las palabras de su boca cuando un violento traqueteo interrumpió la conversación solo sentí tres golpes recibí en el brazo izquierdo, supongo que la adrenalina que había en mi cuerpo en ese momento me permitió mantenerme en pie, y correr hasta perderme en la nube de polvo que había dejado el bombardeo sobre la plaza,
Le pregunte al general a pesar que supe, que no desearía contestar, pues la respuesta era obvia ¿Que fue de la mujer General?
La mujer no tubo tanta suerte, yacía en el suelo. Un alma caritativa, había arriesgado y perdido su vida por mí, y digo, que salvo mi vida, pues distrajo a los soldados, sin estar ella, la bala que atravesó su corazón, hubiese dado en mi cabeza.
Alcance el río, majestuoso como siempre había sido, era el camino hacia la libertad, había alcanzado su ribera cuando escuche un estruendo a mis espaldas, años después supe, que había sido un mortero, había analizado mal la situación, pero es que en verdad, ignoraba la existencia de estas armas, de este bombardeo ligero, todo quedo en tinieblas.
Vi que el General hizo un esfuerzo por recordar, pregunte, ¿Que más recuerda de ese Día general?
-Trato de pensar, que mas sucedió, creo que sucedió así:
-Desperté muy confundido, muchas horas después, el dolor que sentía era insoportable, en todo mi cuerpo, mi brazo estaba inmóvil, apenas lo sentía, estaba muy inflamado, pero estaba aun junto al río, el mortero me había golpeado por detrás, pero no dio lo suficientemente cerca para matarme, todo estaba en un relativo silencio, las tropas habían establecido campamento, recordaba mi plan, y a ciegas, seguí caminando y bordeando el río, tropezando con cuanto había en mi camino, aun con el bolso en mis hombros, y el cuchillo afilado de don Dionisio en su vaina.
Se quedo pensativo un momento y me dijo “niño, la primera vez que mate un hombre fue la experiencia mas dura por la que pase”
Recuerdo muy bien, caminaba con el cuchillo en mi mano, un soldado imperial se acerco a mi, me tomo con violencia del hombro, “detente ahí” me dijo, me vio, no lo dude dos veces, pase el cuchillo con todas mis fuerzas, di en su cuello, cayo el soldado y empezó a gemir. Se estaba ahogando con su sangre, agarre mi camisa y se la metí en la boca, no quería que lo escucharan, me faltaba tan poco, el odio corría por mis venas, cuando matas en la guerra, es diferente, no ves a quienes les disparas, yo vi como la vida en los ojos de ese soldado se extinguió mientras sostenía con fuerza la camisa ensangrentada dentro de su boca. Lo asesine, no se si era la única alternativa, pero… fue lo que hice, y tantos años después, aun pido perdón por haber hecho eso, la herida que le propine, no era tan grave, y pudo haberse salvado de haber recibido asistencia…
General, le dije, no fue su culpa, hizo lo que debía, no había otra opción.
-A veces pienso Rodrigo, que del destino de ese soldado, no por mucho era mayor que yo, no por mucho, y si tenia a alguien, si le estaban obligando a hacer el servicio, no lo se, nunca me dejare de sentir mal por aquel hombre…
Tome su ametralladora, todas las balas que tenia consigo, y arrastre el cuerpo hacia el río, lo solté ahí, no quería que lo encontraran y me siguieran, procure borrar mis huellas, corrí el ultimo tramo hacia el bosque. Caí rendido, al pie de un árbol el cansancio y el dolor me venció, no se si dormí, o me desmaye, pero no recuerdo mas de esa noche, solo recuerdo, que mi alegría fue grande al saber que había escapado con vida de Remiltown, no sabia que el infierno estaba por comenzar.
-Pero, ya es tarde, y estoy cansado, así que si no le molesta, sigamos mañana, ¿le parece?
Eran apenas las 8 de la noche, esperaba terminar mas tarde, sin embargo recordé que el general era ya un hombre viejo, le dije Muy Bien General, le veo mañana, ¿Estará bien a la misma hora?
-A la misma hora estará bien, Descansa Muchacho.
Buenas Noches General, le dije y Salí del estudio en silencio, aquella historia era increíble, el general sufrió en verdad ese día, y pensar que por una tontera, su desatino fue completamente diferente
Me preguntaba en silencio en mi cama, El destino, que será, las ideas que el general metió en mi cabeza, me atormentaron esa noche, sin embargo mis creencias, basadas en la filosofía de la racionalidad lograron superar a la metafísica que el General seguía con fervor.


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